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Quiero compartir con vosotros el reportaje que la periodista Millizen Uribe ha escrito sobre el estado de las redes sociales y la ciberdemocracia en la provincia de Guadalajara en el diario digital Guadaqué. Además, de la especial ilusión que me hace que me citen en un reportaje, creo que el artículo plantea una pregunta interesante: ¿el uso de las redes sociales por parte de las administraciones públicas es cualitativamente valioso?

Para responder a esta pregunta, creo que tenemos que plantearnos dos cuestiones. La primera trata sobre el papel de los ciudadanos, ¿están realmente interesados en interactuar con las administraciones públicas en el mundo virtual? Aquí no me refiero a la administración electrónica, que poco a poco se va adoptando en los distintos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas. A lo que realmente me refiero es al siguiente paso: a si los ciudadanos, que ya de por sí estén preocupados por asuntos públicos, quieren mantener un contacto fluido a través de Internet con las administraciones con el objetivo de mejorar las políticas de su sociedad.

Hace unos meses organicé un grupo de discusión con varios jóvenes universitarios de Guadalajara y, aunque no tengo todavía las conclusiones publicadas, la práctica totalidad reconocía que debido a su opinión sobre la “mala gestión” de nuestros gobernantes no están nada interesados en lo que las administraciones tienen que decir en las redes sociales. Quizá la falta de diálogo con dichas administraciones en el mundo real hace que parte de la ciudadanía, que podría estar interesada en asuntos públicos, rechace el contacto virtual con sus gobernantes, ya bien sea durante una campaña electoral o en el resto de la legislatura.

¿Calidad o cantidad?

La segunda cuestión se refiere a las propias administraciones públicas. ¿Están interesadas en mantener un contacto fluido con los ciudadanos? La respuesta es difícil, pero la mayor parte de ellas no están muy interesadas aún. Muchas piensan que por muchos “fans” o “followers” que tengan, ya están haciendo política 2.0. Nada más lejos de la realidad. La clave de la ciberdemocracia es la participación activa y el diálogo entre ambas partes, no si una administración tiene más “amigos” que otra. La administración tiene que comenzar a adaptarse a esta nueva realidad, en la que el sistema de comunicación ya no es unidireccional, sino que los ciudadanos ahora tienen nuevas vías para comunicarse a través de la Red.

Es cierto que la legislación todavía no facilita alcanzar una ciberdemocracia plena, si bien desde las administraciones, con el apoyo de la ciudadanía, es desde donde se debe modificar esa situación. Así, como he mencionado alguna vez, la Ley de Transparencia y Acceso a la Información es fundamental para el desarrollo de nuestra incipiente ciberdemocracia. Creo que en Guadalajara y en particular desde la administración regional se deberían seguir proyectos interesantes como el del Gobierno Vasco o el Navarro. Ambas ideas van más allá del uso de Twitter o Facebook, sino que están aportando ideas (e incitando a los ciudadanos a que participen también) para fomentar la transparencia gubernamental. Tengo entendido que desde el gobierno de Castilla-La Mancha se va a trabajar en el fomento del gobierno abierto u open-government, por lo que espero que sigan en los próximos años la senda de estos dos proyectos pioneros en España.

Ciberdemocracia incipiente

De momento, nuestra ciberdemocracia incipiente en la provincia se está circunscribiendo a los perfiles en redes sociales, principalmente en Facebook. Es cierto que algunos ayuntamientos están dando algunos pasos en lo que se refiere a la solución de problemas (por ejemplo el Ayuntamiento de Marchamalo), mientras que otros tan sólo publican qué eventos van a celebrarse o qué noticias se han publicado. Esa función de “tablón de anuncios” es interesante, pero hay que interactuar, no tan solo publicitarse. Las administraciones llevan años adquiriendo funciones de marketing político a nivel off-line desde sus gabinetes de prensa lo que ahora está incrementando desde el mundo virtual.

Sin embargo, la ciudadanía cada vez rechaza más el hecho de que haya publicidad por haber publicidad. De hecho, eso mismo le está pasando a empresas privadas que se han lanzado al mundo de las redes sociales. El marketing puro provoca rechazo en este nuevo mundo 2.0; lo ideal es mezclarlo con acciones comunicativas que no estén directamente relacionadas con la venta de bienes o servicios, sino que proporcionen al consumidor un valor añadido (información sobre un tema de interés, una afiliación positiva a la cultura de empresa, etc.).

Pues eso mismo se puede extrapolar a las administraciones públicas, a lo que a su vez hay que añadir que se financian con el dinero pagado por los impuestos de los ciudadanos, lo que hace que el nivel de exigencia de la población sea aún mayor que lo que se le puede pedir a una empresa privada. Así, publicitar los eventos y los logros de una administración no sirve de nada si los ciudadanos no ven satisfechas sus demandas y necesidades en lo que realmente les importa. Si no hay escucha activa, el ciudadano es cuando empieza a rechazar los  mensajes que provienen de una administración.

Para finalizar, creo que todavía las administraciones tienen que ver el potencial que tienen estas nuevas herramientas digitales, así como comprender la fuerza y el valor que tiene escuchar a los ciudadanos. Y es que la ciudadanía cada vez es menos pasiva y, por primera vez en la Historia, tiene la capacidad para poder alzar la voz, de forma global a través de la Red, sobre los problemas y necesidades que tiene su sociedad. Por eso, es necesario que los dirigentes no menosprecien este sentimiento ciudadano.

PD: En otro artículo realizaré un análisis sobre la población que no puede ser partícipe en la ciberdemocracia por culpa de las brechas educacional y digital.

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